Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. (Jn 1, 29)
Este mes de septiembre volvemos a la actividad tras un verano en el que hemos visitado numerosos rincones de España en los que hemos disfrutado, no solo de su belleza natural o gastronómica, sino también de su belleza “eucarística”. Si a las escapadas dominicales sumamos los días que hemos dedicado en familia a hacer el Camino de Santiago francés desde Sarria, donde hemos participado en la eucaristía de manera diaria, habremos estado en unas 14-15 parroquias distintas celebrando la Eucaristía en este verano: un par de ellas en monasterios, otras pocas en pueblos o ciudades pequeñitas, alguna que otra en aldeas minúsculas donde el sacerdote va únicamente una vez a la semana, y para rematar, una muy especial y solemne en la Catedral de Santiago con botafumeiro y todo.
Aunque es cierto que los elementos alrededor de cada eucaristía fueron bastante variados (música, tipo de canciones, cuidado de la liturgia o densidad de la homilía) al llegar al momento cumbre hemos podido comprobar que lo esencial es lo esencial y Jesucristo se hace presente en el pan y el vino en cada Eucaristía, independientemente del escenario en el que ésta ocurra.
Hemos intentado reflejar esta idea en el diseño de este mes usando de base la típica carta de ajuste que se mostraba en televisión hasta principios del siglo XX, para ajustar la señal que se emitía. Los más jóvenes no la habréis visto en la vida, pero para los que sois de nuestra quinta o más mayores, era una imagen habitual cuando no había nada en la televisión. Esta carta de ajuste realmente era una señal fija de prueba que permitía reajustar y recalibrar diariamente los diferentes parámetros de la señal de televisión antes de la emisión. Es decir, era una herramienta para ajustar los parámetros más relevantes de la señal y así disfrutarla al máximo y por eso nos puede ser muy útil para hacer ese mismo ejercicio sobre la Eucaristía.
¿Cómo se mezclan ambos conceptos para que este diseño pueda tener algo de sentido? Pues vinculando tres de las escalas fundamentales de prueba de toda carta de ajuste a los tres conceptos más relevantes de la misa.
- Las barras de color. Su función es la de calibrar el color y la saturación de la señal, así que en nuestra carta de ajuste en vez de usar los colores originales se aplican los diferentes colores litúrgicos que se usan en la eucaristía a lo largo del año. En la liturgia de la misa, además del color que luce el sacerdote, sus gestos y posiciones de sus manos están cuidadosamente diseñadas para un fin dentro de la Eucaristía y sus diferentes oraciones, rigurosamente elegidas para un fin concreto. Saber qué se hace en la Eucaristía en cada momento y porqué es la mejor manera para degustarla.
- Las barras de grises. Se usan para regular el brillo y el contraste de la pantalla, así como para comprobar la linealidad de la señal de transmisión, es decir, que los saltos de intensidad entre el blanco y el negro se transmitan de forma uniforme y progresiva. En la Eucaristía, esta linealidad de la señal de Dios se constata en la lectura de su Palabra. El antiguo y el nuevo testamento están tan perfectamente alineados que impresiona y lamentablemente, nuestra formación bíblica, más allá de los evangelios, es muy mejorable. Dos ejercicios sencillos. 1) ¿Has probado alguna vez a leer alguna de las Cartas de San Pablo del tirón en vez de solo con cachitos aislados de algunos domingos? 2) ¿Has probado alguna vez a leer el evangelio de San Mateo comprobando sus más de 100 alusiones a textos del Antiguo Testamento? Llegar a la iluminación del 100% blanco es casi imposible, pero ir avanzando poco a poco entre los grises sí puede ser un objetivo para este año que comienza. Hay infinidad de recursos online para ello, pero a mí me encantan las Bible Round Tables que hacen en The Chosen para cada uno de sus capítulos.
- Las barras de frecuencia o multisalva. Su función es medir la respuesta en frecuencia, resolución o nitidez de un sistema de televisión. En la vida del católico la frecuencia es una virtud fundamental y la podemos aplicar a multitud de parámetros. La frecuencia con la que vamos a misa, con la que recibimos la comunión o la confesión, con la que leemos la palabra de Dios en casa, la frecuencia con la que dedicamos nuestro tiempo a los demás… ¿Te has planteado este año aumentar tu frecuencia en alguno de esos parámetros? No sigas leyendo… Date un minuto e intenta responderte.
Estas tres escalas configuran la esencia del diseño vintage de este mes, que se completa con dos detalles extras que refuerzan aún más el carácter católico de nuestra carta de ajuste.
El primero, unas señales de centrado en forma de tres cruces, que nos recuerdan que el misterio central de la Eucaristía es el sacrificio redentor del Señor Jesucristo en la cruz por nosotros, como cordero que se entrega voluntariamente para limpiar el pecado del mundo, parafraseando a San Juan Bautista (Jn 1, 29)
El segundo, el texto de AMENx3, que nos recuerda la respuesta de la asamblea al final de la plegaria eucarística cuando el sacerdote eleva hacia Dios el pan y el vino una vez consagrados. Es tan importante este Amen, que cuando la Eucaristía se oficia solemnemente, suele tener un formato cantado y se repite tres veces siguiendo la fórmula del famoso superlativo de los judíos.
Esperamos que este diseño te ayude a sintonizar mejor tu corazón con Jesús Eucaristía al inicio de este año que comienza y que tus parámetros de ajuste en este curso te permitan degustar, conocer y acercarte más al Señor.
#teatrevesalucirlo
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