El amigo inoportuno

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá (Lc 11,9)

Este mes queremos dedicar el diseño a la parábola del amigo inoportuno que llega en mitad de la noche, (Lc 11, 5-8) y que concluye con esta afirmación del Señor: “Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre (Lc 11,9).

Yo siempre había interpretado esta lectura como tres elementos independientes, por un lado el que pide, por otro el que busca y por otro, el que llama. Si embargo, recientemente he empezado a entenderlos como los tres pasos de un buen itinerario de oración, que es el que recorre el amigo inoportuno de la parábola. Primero busca la casa del amigo. Luego llama para que le abran. Y finalmente pide para que le den unos panes. ¿Qué podemos aprender en cada paso?

  • Buscar en el sitio adecuado es el primer paso de este camino (Seek). La felicidad plena es patrimonio de Dios pero nuestra sociedad de hoy nos vende sucedáneos de felicidad en cada esquina (ese viaje, ese coche, ese móvil, esa casa, esa pareja ideal, ese trabajo bien pagado, esa libertad sexual…) Así que sí, hoy podemos encontrar respuestas en muchos lugares, algunos inocuos, otros peligrosos y algunos tan atractivos que una vez que entramos ya no podemos salir. Sin embargo, la única respuesta verdadera la tiene Jesucristo. Él es el camino, la verdad y la vida y solo en el encuentro con Él alcanzaremos la felicidad plena. Así que podríamos concluir este primer paso de este itinerario de oración diciendo: “Señor, ayúdame a buscarte en donde sé que estás (en tu palabra, en los sacramentos, en el sagrario…) y guíame para no buscar en puertas que sé que no me van a hacer bien.”
  • Llamar y esperar a que nos abran, es el segundo paso de este camino (Knock). Hemos perdido la costumbre de esperar a que nos abran. En la sociedad de la inmediatez, del Amazon Prime y de Netflix donde puedes ver la serie del tirón, esperar está desfasado. Sin embargo, hay una gran lección en la espera, y es la humildad. La humildad de reconocer que no depende de mí. La humildad de adaptarme a los tiempos del que abre. Y en eso, Dios tiene sus tiempos y para muestra un botón: la hemorroisa llevaba 12 años con flujos de sangre (Mt 9,19) y el paralítico de Betesda, 38 años sin poder andar (Jn 5,5). Llamar y esperar también tiene una gran conexión con trabajar el silencio y ser capaz de convivir con él cuando sientes que llamas y nadie abre. Así que, podríamos concluir este segundo paso diciendo: “Señor, enséñame a tener una oración persistente para quedarme en la puerta sabiendo que tú estás dentro y me escuchas. Que tu silencio no socave mi esperanza y que la fidelidad de tu promesa me sostenga.”
  • Pedir y agradecer, es el último paso de este camino (Ask). Es curioso que en esta parábola del amigo inoportuno, al final la petición no era para él, sino para poder atender a un tercero que acaba de llegar a su casa. Esto demuestra que una buena oración nos hace salir de nuestro yo y nos obliga a mirar con cariño y empatía al prójimo, así que, de alguna manera orar por el otro es “amarlo como a mí mismo”. Podríamos añadir aquí también la potestad de Dios de darnos no lo que le pedimos, sino lo que necesitamos. Así, igual que un padre cuando un niño le pide comida no siempre le da algo rico, pero siempre le da algo sano, Dios hace igual con nosotros… y eso a veces nos rebota. Por eso, podemos concluir este tercer paso diciendo: “Señor, enséñame a que en mi oración no me olvide de mi hermano y de su sufrimiento y ayúdame a abrazar tu voluntad y descubrir en ella tu presencia redentora”.

Como ves, este itinerario comienza eligiendo bien la puerta a la que llamar y eso es justo lo que se presenta en este diseño, con 4 alternativas:

  • A la izquierda, una torre que nos recuerda a la de Babel, que es una ciudad que ha quitado a Dios de en medio y que nos ofrece innumerables puertas para poder sustituirlo. Casi todas ellas son puertas de acceso sencillo, inmediato y que más que llamar, solo hace falta empujar.
  • En el centro, dos modelos de hogares. Uno, con una casa con tejado a dos aguas, donde «resbala» todo lo que le llega y otro, con una estupenda terraza que acoge a todo el que llega y que representan las dos posibles maneras que tiene nuestra familia de relacionarse con el prójimo. Una casa fría y solitaria, casi siempre cerrada e inaccesible, donde todo gira en torno al “yo” o una casa cálida y siempre llena de gente, llena de alegría y de vida, donde todo gira en torno al “nosotros”.
  • Y finalmente a la derecha, una torre blanca como de Marfil con la Virgen María como puerta. Una casa que está siempre abierta y que acoge a todo aquel que quiera entrar, con una sala de espera bien calentita cuando hace frío y bien fresquita cuando hace calor. Es una casa que tiene pocos lujos, pero mucha cobertura para que lo que allí pides acabe en el Señor. Ojo, y eso es importante. Los católicos no pedimos a la Virgen que nos conceda cosas, sino que ella interceda ante Dios por nuestras peticiones.

Ahora que sabes por dónde empezar a buscar, es momento de ponerte a ello y practicar este sencillo itinerario de oración. Seguro que te viene fenomenal para llegar «caliente» al tiempo de Adviento que comenzaremos en breve.

#teatrevesalucirlo


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