Getsemaní (T5-C8)

No se haga mi voluntad, sino la tuya (Temporada 5- Capítulos 8)

Resumen del capítulo: El capítulo comienza en la última cena, siendo Tadeo el último que llega. Como había hecho al final del capítulo anterior con el resto de apóstoles, en éste, Tadeo recuerda su primer encuentro con Jesús y cómo él fue el primer apóstol de los elegidos. Tras los créditos, la escena vuelve a la última cena cuando los discípulos ya se están yendo. Juan confirma a Pedro que el traidor es Judas, pero él no lo acaba de ver claro así que se van todos al huerto de Getsemaní sin saber quién será el traidor. Al llegar al lugar, Jesús entra en el huerto con Juan, Santiago y Pedro y el resto se quedan fuera.

Las confabulaciones siguen su curso. Aticcus visita a Poncio Pilatos con un plan para fortalecer a Roma mientras que Caifás ha convocado una junta de urgencia del Sanedrín… donde aparece Nicodemo, que lleva tiempo estudiando las profecías sobre el Mesías. En cualquier caso, Judas ya ha decidido entregar al maestro y conduce a la guardia del Sanedrín hacia el huerto de Getsemaní.

El resto del capítulo se centra en el sufrimiento de Jesús en el huerto donde sus discípulos se quedan dormidos en vez de acompañarle. Durante la oración con el Padre, el capítulo muestra tres visiones que tiene Jesús: La primera con Abraham y su hijo Isaac cuando iban a la región de Moria para hacer lo que le había mandado el Señor, la segunda con el profeta Ezequiel en un valle lleno de huesos secos, y finalmente una de su padre José consolándose. El capítulo finaliza cuando Judas acompañado de la guardia del Sanedrín llega al huerto y con un beso entrega al Señor.

Referencias bíblicas: La oración y el sufrimiento del Señor en Getsemaní está documentado en los evangelios sinópticos (Mt 26, 36-46, Mc 14, 32-42 y Lc 22, 39-46) pero solo el de Lucas dice que “se le apareció un ángel del cielo que le confortaba”, al que en la serie asimilan a su padre José, como una licencia creativa. Igualmente, las otras dos visiones, que son bíblicas, (Gn 22, 1-19 y Ez 37, 1-14) no consta que las tuviera Jesús en el huerto, aunque han sido elegidas con un tacto exquisito por su profundo significado. La entrega de Jesús a manos de Judas está en los cuatro evangelios, (Mt 26, 47-49, Mc 14, 43-45, Lc 22, 47-48 y Jn 18, 2-8) aunque en el de Juan se omite lo del beso.

Reflexión: La oración de Getsemaní es probablemente el momento de la vida de Jesús donde su humanidad queda más retratada, pero en el mismo momento, donde su divinidad sale más reforzada. Siente el peso de su misión, siente el peso de todos los pecados que va a redimir por el amor que nos tiene el Padre y, aun así, es capaz de aceptar el final de la misión. Es como si de alguna manera su encarnación como corazón humano le hiciera ser plenamente consciente de la limitación inherente al corazón humano. En este contexto, creo que hay tres elementos de este capítulo que además de explicar, valen la pena intentar llevarlo a la oración:

  • “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Es probablemente la frase que más se repite durante la oración de Jesús en Getsemaní, pidiendo al Padre un plan alternativo más sencillo para cumplir su misión, aunque plegándose a la voluntad de Dios. De hecho, la visión que se muestra en la serie donde Jesús visualiza a Isaac yendo con su Padre Abraham para ser sacrificado tiene todo el sentido. En el antiguo testamento, Dios acaba perdonando a Abraham el sacrificio de su hijo y aquí Jesús parece que está pensando en esta alternativa como plan equivalente. Incluso en este momento oscuro el Señor nos muestra cómo debe ser el camino de nuestra oración: Pedir con sinceridad lo que quiere nuestro corazón, pero supeditar el resultado a la voluntad del Señor. Como decíamos aquí, Dios siempre nos escucha y si nos dice que no, es porque de ahí saldrá un bien mayor. Anímate a poner en marcha este modelo de petición, pero deja a Dios que decida. Puedes utilizar muchas fórmulas, pero hay una que a mí me gusta mucho, base de la novena del abandono del Padre Don Dolindo “Oh Jesús, me abandono en Ti, ¡ocúpate Tú de todo!”.
  • “¿No habéis podido velar ni una hora conmigo?” Es la frase que el Señor le dice a sus discípulos y que quizás nos podría decir a muchos de nosotros sobre nuestros ratos de oración. La esencia de esta petición de Jesús consiste en un acompañamiento cercano en un momento de sufrimiento. De hecho, esta petición de Jesús a sus discípulos es similar a la que recibió en Paray-le-Monial (Francia) Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) en sus apariciones del corazón de Jesús, y que fundamentan el origen de la Hora Santa, celebración habitual durante el Triduo Pascual. Sin embargo, esta frase nos puede ayudar a preguntarnos cómo es la “calidad” de nuestra oración. ¿Es un monólogo? ¿En un diálogo con Dios? ¿Es un listado de peticiones? ¿es una repetición de fórmulas aprendidas? ¿Le cantas? ¿Te lo imaginas hablando sentado contigo, o en la cruz, o resucitado? Hay múltiples maneras de orar y cada uno tiene su preferida. Lo importante no es el cómo, si no que nos ayude a entrar en relación con Él, a reconocernos como sus hijos, a escuchar esa voz que nos llama por nuestro nombre… A mí una cosa que me funciona, especialmente en las adoraciones eucarísticas que suelen tener más margen para hacer silencio en tu corazón, y si es por la noche, también más silencio en el templo, es sentir mi pulso, oír el latido de mi corazón y “sincronizarlo” con el corazón de Jesús, oírle, hacerlo mío y desde ahí, repetir al Señor. “Señor mío, y Dios mío, estoy aquí contigo”. ¿Te animas a probarlo?… ¿Y si me quedo dormido en la oración? Pues piensa en el suspiro que da el Señor en este capítulo cuando ve a sus discípulos, como si fueran niños pequeños, completamente dormidos… No es un suspiro de enfado. Es un suspiro paternal porque sí, un Padre siempre verá a su hijo como su niñito…aunque vayas cumpliendo años.
  • “Solo tú lo sabes, Señor”. Es lo que responde Ezequiel a Jesús en la visión que le lleva al valle llenos de huesos secos. Leyendo el pasaje (Ez 37, 4-14) creo que hay dos razones que explican que aparezca en la serie. La primera es la identificación de Jesús como el Dios del Antiguo Testamento con el que habla Ezequiel y del que profetiza. De alguna manera esta identificación muestra la eternidad del Dios Trinidad, que ya se vislumbraba en el Antiguo Testamento pero que ahora se revela de una manera definitiva en el Nuevo Testamento. La segunda razón es porque se puede entender como la respuesta de Dios ante la visión anterior de Abraham e Isaac. Es como responder: “Jesús Hijo mío, aquí la disyuntiva es diferente: En el caso de Abraham era una prueba de confianza y en este caso es un tema de redención. Solo el sacrificio del Dios hecho hombre es capaz de redimir al mundo de sus pecados y devolverle a la vida… y lo sabes». Así pues, esta conversación entre Jesús y Ezequiel nos debe animar a dejar actuar al Señor y a su espíritu a través de nosotros. Dice Ezequiel: “Yo profeticé como me había ordenado…” así que atrevámonos nosotros también a profetizar en nombre del Señor, y ser capaces de vivir nuestra vida como altavoces de la Verdad, para que cada vez más gente se acerque a ella. Nuestra labor no es convencer sino mostrar cómo la Verdad que es Jesucristo, que murió por ti y por mí y nuestros pecados, quiere que seamos libres con Él y en Él. Como dice la liturgia, “donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia” así que nunca es tarde o se está demasiado lejos para no poder volver a Él. ¿Te animas a compartir esta buena nueva?

Conclusión-Oración: Te damos gracias Señor por tu amor de Padre que nos regalas de manera inmerecida y por cómo nos sigues mirando como niños pequeños. Te pedimos que nos des fuerzas y ganas para acompañarte, para encontrarnos contigo en la Eucaristía y en nuestros ratos de oración, para confiar en ti y tus planes. Somos conscientes de que nuestra boca se llena de lo que nuestro corazón rebosa, pero permítenos abrazar tu voluntad para nuestra vida porque como decía Ezequiel, “Señor, solo tú lo sabes”. Señor, ponemos en ti nuestra confianza y te repetimos “Oh Jesús, me abandono en Ti, ¡ocúpate Tú de todo!” Amen.


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