¡Fuera, Fuera! (T5-C1,2,3)

¡Dejad de profanar la casa de mi Padre (Temporada 5- Capítulos 1-3)

Resumen del capítulo: Como todos los capítulos de esta temporada, estos tres capítulos comienzan en la última Cena con Jesús hablando con sus discípulos y tras las letras de crédito, se inicia la acción de cada uno de ellos. Aunque la expulsión de los mercaderes del templo ocurre formalmente en el capítulo 2, ya se empieza a fraguar en el capítulo 1 y tiene sus consecuencias en el capítulo 3.

Jesús ha entrado en Jerusalén entre palmas a lomos de un pollino en el capítulo 1 de esta temporada y llega al templo de Jerusalén, donde empieza a predicar en varios sermones públicos ante una multitud entregada y donde, entre otros, vuelven a aparecer muchos de los personajes a los que ha ido curando en temporadas anteriores (Jesse, Verónica, Bernabé, Shula…). Durante su estancia en Jerusalén poco a poco se va dando cuenta de cómo el templo se ha convertido en un mercadeo de sacrificios y acaba, lleno de ira, echando a los mercaderes del templo en el capítulo 2. En el capítulo 3, los fariseos, indignados por lo que ha ocurrido no solo tachan de hereje a Jesús, sino que buscan que la gente se ponga en su contra planteándole preguntas capciosas durante sus discursos en Jerusalén, (p.e. la de si es adecuado pagar los impuestos a Roma) 

Alrededor de este hilo principal, otras tramas que vienen de la temporada anterior siguen su curso. Volvemos a ver a Kafni, padre de Ramah, que sigue teniendo ansias de venganza contra Jesús y también a su madre, Naomi, que quien Tomás tiene un encuentro liberador. También se nos vuelve a mostrar a ese personaje misterioso que sigue con atención a Jesús desde lo lejos tomando nota de todo (que ya estuvo en la resurrección de Lázaro y que varios capítulos más adelantes sabremos que es Matías, el futuro apóstol que sustituirá a Judas Iscariote) y por supuesto, seguimos viendo cómo va aumentando la tensión entre Poncio Pilatos, Caifás, Herodes y los fariseos, con la inestimable “ayuda” de Aticcus, para acabar con la vida de Jesús de la manera menos llamativa posible. Este paquete de tres capítulos concluye en el Monte de los Olivos, donde Jesús acompañado de sus discípulos más fieles (Santiago, Pedro, Juan y Andrés) les anuncia lo que les espera y cómo serán las señales que anticiparán su venida definitiva en el fin de los tiempos. Finalmente, el capítulo 3 se cierra con una visión de Jesús del rey David, cuando aún era pastor, recitando parte del Salmo número 5.

Referencias bíblicas: La entrada de Jesús en Jerusalén montado en un pollino aparece en todos los evangelios con relatos muy similares (Mt 21, 1-11, Mc 11, 1-11, Lc 19, 28-44 y Jn 12, 12-19) y en todos ellos las multitudes ponen sus ropas en el suelo para darle la bienvenida y entrar triunfalmente en Jerusalén.

Muchos de los discursos e interacciones con los fariseos que aparecen en esos capítulos se recogen en los evangelios. Por ejemplo, la pregunta de Jesús a los fariseos sobre el bautismo de Juan se recoge en Mt 21, 23-28, Mc 11, 18-33 o Lc 20, 1-8, la parábola de la viña que planta el Señor se encuentra en Mt 21, 33-46, Mc 12, 1-13 o Lc 20, 9-17, la cuestión relativa a los impuestos del César se ve en Mt 22, 17-22, Mc 12, 14-17 y Lc 20, 21-26, y el episodio de la voz de Dios que se oye en el templo, es de Jn 12, 22-33.

La expulsión de los mercaderes del templo también aparece en los cuatro evangelios. En los sinópticos al final, cerca de la Pascua (Mt 21, 12-17, Mc 11, 15-18, Lc 19, 45) mientras que en el Evangelio de Juan ocurre al principio (Jn 2, 13-17), incluida la declaración de “destruid este templo y en tres días lo reconstruiré” (Jn 2, 19).

Finalmente, la conversación de Jesús en el monte de los olivos con sus discípulos también se recoge en los evangelios sinópticos (Mt 24, 1-14, Mc 13, 1-33, Lc 21, 7-27) aunque no la visión que tiene del rey David.

Sin embargo, el Salmo 5, que recita el rey David en ese encuentro (Sal 5, 7-12) , es un salmo en el que David pide a Dios la protección ante sus enemigos, muy adecuado a la situación que Jesús iba a afrontar en breve.  El resto de aspectos colaterales de este capítulo son mayoritariamente de ficción, pero sirven para cerrar o abrir tramas y en algunos casos, para descubrir más en profundidad algunos de los personajes que rodean a Jesús.

Reflexión: Este comienzo de la quinta temporada nos muestra de manera muy explícita la transición del Jesús aclamado como hijo de David al entrar en Jerusalén hacia un Jesús enfadado por cómo la casa de su Padre está siendo profanada impunemente, con el beneplácito hipócrita de los teóricos pastores de su pueblo, que son los fariseos. Podríamos decir que cuando Jesús echa a los mercaderes del templo rebela su verdadera misión redentora como cordero que se entrega por nosotros. Ese cambio de paradigma en la redención de nuestros pecados es brutal, no solo porque el valor del sacrificio entregado es de valor infinito sino, porque además, extiende esa redención a todos los pueblos y no únicamente al pueblo judío.

A pesar de que la gran mayoría de lo que se muestra en este capítulo refleja de manera fiel lo que se recoge en los evangelios, muchas veces nos cuesta entender cómo el pueblo pasa de quererle a odiarle en tan corto periodo de tiempo. De hecho, en Semana Santa, pasamos del Domingo de Ramos al Jueves Santo casi sin darnos cuenta, pero si analizamos la intensidad de los discursos y las interacciones de estos tres capítulos con los fariseos vemos que la escalada de odio se extiende como la pólvora, convenientemente catalizada por la mala fe de unos pocos.

Os animamos a que cuando veáis estos capítulos, os paréis a reflexionar sobre tres de sus escenas, que son fácilmente “aterrizables” a nuestra vida de fe:

  • “Un grano de trigo cae en la tierra y debe morir”. Dice María Magdalena a Juan en el capítulo 1, como reflexionando lo que acaba de decir Jesús. Jesús se lo había dicho ya varias veces y los discípulos no quieren aceptarlo. Sin embargo, María Magdalena, que es la más adelantada, (“tu si has estado atenta», le había dicho Jesús en la temporada anterior) va madurando lo que ha oído de Jesús. Son parábolas, pero estando atenta ya va entendiendo que sí o sí, Jesús va a tener que morir. Esta sencilla escena nos recuerda que hay que querer leer y escuchar la palabra de Dios para entender toda su Verdad. Hay una parte de entendimiento, hay una parte de gracia, que Dios no niega nunca, pero luego también, hay una parte de voluntad para querer dejarse transformar por ella y no solo interpretarla según me viene bien (de hecho, luego hay un debate de los discípulos sobre lo que ha querido decir Jesús con sus actos, que demuestran lo perdidos que estaban). ¿Cómo afrontas tú la lectura de la Palabra de Dios? ¿La meditas sólo o te dejas guiar de alguna manera por alguien que la entiende mejor que tú? Creo que es una buena práctica para nuestra fe ser capaz no solo de hacer la lectura diaria, sino leer también a alguno de los múltiples sacerdotes que ofrecen una reflexión guiada sobre dicha lectura diaria. A mí personalmente me gustan mucho @curadetoledo y @ppablosavoia.
  • “No. Este sitio es para adorar al Padre, no es un atajo”. Es lo que le dice Jesús a una señora con un puesto de comida ambulante que pretende atravesar el Templo en el capítulo 2. El grado de mercadeo en el templo había llegado a tal nivel que se había perdido la noción de lo sagrado. ¿No te parece que a veces, en la sociedad de hoy, la sensación es similar? Licencias litúrgicas de lo más variadas, visitas turísticas en muchas iglesias con total falta de respeto y en muchos países, profanaciones sistemáticas de templos o sagrarios. Aunque estos son quizás los comportamientos más extremos, es posible que en tu vida si haya veces que no muestras respeto profundo por los elementos más sagrados de nuestra fe, sobre todo por el más sagrado de todos que es la Eucaristía: Jesucristo mismo hecho pan por nosotros de manera real. ¿Eres plenamente consciente de la profundidad de este misterio? ¿Eres capaz de reconocer tu humildad ante Él, con tu genuflexión y arrodillándote en la consagración durante la misa? ¿Cómo te presentas ante Él cuando sabes que está presente en un templo? ¿Cuidas tu presencia, tu silencio y tu oración con Él en la Eucaristía?
  • “¿Queréis una señal? Destruid este templo y lo levantaré en tres días.” Es lo que dice Jesús a los fariseos cuando le preguntan sobre su autoridad para parar las ofrendas en el Templo. De hecho, es algo recurrente que le ocurre al Señor. Para el que no cree, ninguna señal es suficiente. Ya lo dice la parábola del rico Epulón “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto” (Lc 16,31). De hecho, al mismo Shmuel, en la serie, que conoció al Lázaro resucitado, le ocurre. Escuda su falta de fe en una falta de hechos, porque los que hay, nunca son suficientes. A veces a nosotros nos puede pasar esto, cuando llevamos un tiempo experimentando el silencio de Dios, en nuestra vida o en nuestra oración…y nos olvidamos de las veces, que en el pasado Dios sí estuvo allí. Solemos ir mirando el hoy, y no ponemos en valor las señales que Dios nos ha ido dando en el pasado, o mucho peor, miramos solo nuestro hoy, y no somos capaces de ver las señales que Dios va realizando a nuestro alrededor… que son muchas, y las que ha realizado en el pasado, que son otras muchas más. ¿Necesitas algo de inspiración? Tienes un montón de vidas de santos para inspirarte, desde los más clásicos hasta los más actuales como San Carlo Acutis o San Pier Giorgio Frassati, que acaban de ser canonizados en septiembre de 2025.

Conclusión-Oración: Señor, tras ver estos capítulos y entender la dimensión de tu misión, te damos gracias por habernos redimido de nuestro pecado siendo el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y te pedimos perdón por seguir hoy contribuyendo a que esa carga del pecado sea aún más grande. Te pedimos que nos concedas la gracia para acoger tu palabra, la humildad para reconocer tu grandeza en el pan de la Eucaristía y el entendimiento para saber ver tus señales en el mundo que nos rodea. Amen.


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