¿Aún creerás en mí? (T5-C4)

Si no hago eso, ¿Aún creerás en mí? (Temporada 5- Capítulo 4)

Resumen del capítulo: Volvemos a comenzar el capítulo en la Última cena como a lo largo de toda la temporada antes de los créditos. En este capítulo destaca ese momento que narra el Evangelio de San Juan donde Jesús identifica a Judas como el traidor y Judas sale de la casa dispuesto a entregarle. Tras esta primera escena, la acción vuelve a mostrarnos cómo las consecuencias de la respuesta de Jesús sobre los impuestos al César siguen dando que hablar, primero entre el pueblo, con Kafni a la cabeza, pero también entre los discípulos, con Judas a la cabeza.

El capítulo muestra dos preciosas conversaciones, primero entre Juan y Jesús (esta la comentaremos cuando hablemos de Juan en la siguiente temporada) y luego entre Judas y Jesús, para acabar de vuelta en Betania, donde de camino, Jesús maldice a una higuera. El capítulo termina en casa de Lázaro, con Jesús cenando con todas las mujeres que le han acompañado a Jerusalén, pero que se quedaran en Betania para la Pascua.

Es en este capítulo donde Caifás, con el apoyo del Sanedrín, decide arrestar a Jesús en secreto para lo que necesita a alguien que le muestre el paradero del Señor. Como sabemos, y eso es algo que se ve en el capítulo 6, Judas se presentará en casa de Caifás para acordar un precio por entregar a Jesús, al que acaba entregando con un beso, que es la última escena de esta temporada.

Referencias bíblicas: Todas las conversaciones que aparecen en la Última Cena se recogen en los evangelios, en concreto, la relevante de este capítulo, que es la confesión a Juan de que será Judas el traidor, se encuentra en Jn 13, 22-30.

Las conversaciones entre Juan y Jesús y la de Judas con Jesús no aparecen en la Biblia, pero, sobre todo la segunda, es la culminación perfecta al camino que ido empezando Judas en la serie de intentar interponer su manera de hacer las cosas sobre a cómo lo hace Jesús.

La salida de Jerusalén a Betania en esos días antes de la Pascua también aparece en los evangelios, incluida la maldición de la higuera (Mc 11, 12-15 o Mt 21, 17-24), aunque no se dice qué hizo Jesús en Betania en esa noche.

Los otros dos momentos posteriores donde aparece Judas, que son el acuerdo con Caifás (Mt 26, 14-16) en el capítulo 6 y el saludo y el beso para entregarle, en el capítulo 8, también aparecen recogidos en los evangelios (Mt 26, 47-50 y Mc 14, 43-45). De hecho, el “beso de Judas” es probablemente una expresión que se conoce en casi cualquier rincón del mundo.

Reflexión: Llegado este punto de la serie es el momento de ser capaz de mirar a Judas y entender cómo ha sido su camino. Fue de los últimos en sumarse al grupo y es un gran entusiasta del mesianismo de Jesús. Está convencido de que Jesús es el Cristo y va a restaurar la gloria de Israel y derrocar a los romanos, pero en este capítulo descubre que los planes de Jesús no son los que él esperaba. Quizás vale la pena ahondar un poco más en esa sensación y lo que nos puede aportar para nuestra vida de fe, mirando con cariño a tres escenas donde él es el protagonista:

  • “Tienes la mente tan llena de tus ideas, que has dejado de creer.” Es lo que le dice Pedro tras volver a la casa de Jerusalén tras la pregunta sobre los impuestos. Judas insiste a Pedro que Jesús debe aclarar lo que ha querido decir para así pode unir al pueblo contra Roma y Pedro le responde con esta frase. La podríamos rescribir en nuestra vida de fe como “No le pidas a Dios que haga lo que tú quieras, sino más bien pídele que tú quieras lo que Él te haga”. ¿Cuántas veces buscamos el favor de Dios por interés y no sabemos aceptar lo que Él nos manda? Es cierto que no es fácil entender los planes de Dios, pero hay tres elementos que nos pueden dar pistas, sobre todo, al mirarlo con perspectiva: primero, la paz que dejan en el largo plazo, segundo la necesidad de gratitud que generan por los bienes recibidos y finalmente, la sensación de saber que estás donde realmente debías estar.
  • “Y si no hago lo que dices, ¿dejarás de creer en mí?” Como era de suponer, Judas está viendo que lo que él pensaba que iba a ocurrir, se estaba torciendo y decide hablarlo directamente con Jesús. En este precioso diálogo Jesús le invita a confiar en sus actos y ante las dudas de Judas le lanza esta pregunta. Es una pregunta dura y que puede surgirnos también a nosotros en la oscuridad de la oración cuando tenemos la sensación de que Dios no nos escucha. Creo que es importante ser consciente de que Dios siempre nos escucha porque nos lo prometió (Pedid y se os dará, Mt 7,7), y hay varias parábolas similares en ese sentido (p.e. Lc 18, 1-7 el juez injusto o Lc 11, 5-7 el amigo a medianoche) pero también hay que entender que la respuesta de Dios Padre pueden ser tres opciones: O es que si, y lo concede ahora. O es que sí, y te lo concederá más adelante. O es que no, porque tiene algo mejor para ti. Orar desde estas opciones cambia radicalmente la perspectiva de esta pregunta. En este sentido, creo que vale la pena dejar a Dios ser Dios y que nos sorprenda con lo que nos concede, incluyendo sus tiempos….
  • “¿A quién perteneces?” Jesús acaba este encuentro con Judas con esta pregunta, que recuerda a una pregunta similar a María Magdalena en el episodio 1 de la serie. En este contexto, la pregunta de Jesús nos recuerda que nuestra libertad es sagrada para Dios. Los textos evangélicos ya dicen que «el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo» (Jn 13, 2), así que este encuentro nos recuerda que el diablo se nos cuela por cualquier rendija que dejemos abierta que nos haga dudar del Señor. Como dijo Benedicto XVI (audiencia 18/10/2006) “las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. El único modo de prevenirlas consiste en no cultivar una visión de las cosas meramente individualista, autónoma, sino, por el contrario, en ponerse siempre del lado de Jesús, asumiendo su punto de vista. Día tras día debemos esforzarnos por estar en plena comunión con Él”. El hecho de que la traición de Jesús venga de uno de los doce, de sus más allegado, nos alerta de que no nos relajemos, de que estemos siempre vigilantes, reavivando y renovando día a día nuestra confianza en el Señor y sabiendo apreciar, sorprendernos y agradecer lo que todos los días, día tras día, hace por nosotros en nuestra vida. Quizás aquí, que llegas al final de esta reflexión es un buen momento para parar un minuto y dar las gracias por lo que has orado saboreando este capítulo.

Conclusión-Oración: Señor, viendo cómo Judas se ha ido apartando del camino poco a poco, te pido que me permitas darme cuenta de lo importante que eres para mi vida y poder renovar cada día mi confianza en ti. Te pido que me ayudes a estar siempre en comunión contigo y me des la humildad suficiente para saber qué Tú sabes más. Señor, quiero abrazar el plan que tienes para mí, aunque a veces en el momento no lo entienda o sienta que no es lo que yo quería, así que Señor, te doy gracias por las veces que me dices que sí, pero también por las que me dices que no. Amen.


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