Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. (Lc 24 ,15).
El diseño de este mes de mayo está dedicado a todos los peregrinos que salen de sus hogares y llegan andando a alguno de los múltiples santuarios o lugares de peregrinación que hay dispersos por el mundo católico. Obviamente, el primero que se nos ocurre es el Camino de Santiago, pero hay unos cuantos más, aunque no sean tan conocidos. Podríamos decir que cualquiera de esos “caminos” comparten ciertos elementos que lo convierten en una experiencia vital relevante para aquel que lo realiza, pero hay tres que cabe la pena destacar:
- Una motivación. Ponerse en camino implica un fin último que se espera alcanzar, pero también, una constancia para alcanzarlo cuando en el camino aparecen “repechos” de más. Un profesor mío decía que “no hay ingrediente más importante en cualquier tarea que una pizca de motivación”. En esta reflexión te ofrecemos varias, para que valores cual es la tuya.
- Un ejercicio de austeridad. Un peregrino suele llevar en su mochila todas tus pertenencias y eso implica un ejercicio de austeridad a la hora de preparar la mochila. Cada gramo es relevante según avanzan los kilómetros y elegir qué llevar o no llevar nos invita a reconocer la cantidad de cosas superfluas de las que nos rodeamos. Salir de camino nos recuerda qué es lo esencial de nuestra vida y de nuestra persona…. (y no siempre puedes contar con las mochilas de otros para ir recolocando tus cargas 😉).
- Un reconocimiento de humildad. Especialmente en los caminos de múltiples etapas, el cansancio físico va apareciendo a medida que se recorren los kilómetros y, en muchos casos, éste viene acompañado de ampollas, rozaduras, rasguños o lesiones menores… que además se suelen cebar con aquellos peregrinos más vulnerables y/o menos entrenados. Ser capaz de reconocer con humildad tus debilidades es sin duda uno de los frutos más notables del camino, porque además te enseña dónde puedes agarrarte en esos momentos. Recuerdo como un verdadero oasis físico y mental cuando hicimos el camino en 2023, el llegar al Santuario de Nuestra Señora del Camino, en Betanzos (final de la segunda etapa del Camino Inglés) y poder arrodillarme ante el Santísimo y descansar en Él.
Con estos elementos comunes en mente, este diseño rinde homenaje a dos de los caminos más importantes que recorren territorio español (el de Santiago y el Lebaniego) y también a los dos primeros “caminos” donde Jesús resucitado transforma a quien lo recorría (el camino de Emaús y el camino de Pablo hacia Damasco). ¿Qué podemos aprender de estos cuatro caminos?
- El camino de Santiago (https://www.caminodesantiago.gal/es/inicio) es el Camino por excelencia y es tal su relevancia que ha excedido ya su carácter eminentemente religioso, y en muchos aspectos tiene un marcado carácter lúdico-deportivo. El Camino está dotado de múltiples servicios y por su extensa historia y variados recorridos, está salpicado de innumerables monumentos que lo hacen único. Su hito característico, con la imagen de una concha amarilla sobre fondo azul, es conocido mundialmente. Llegar a Santiago, entrar en la catedral, ver el botafumeiro en funcionamiento y abrazar al Apóstol (uno de los únicos cuyos restos se conservan fuera de Roma) es entender la fuerza del Espíritu Santo, capaz de transformar a un pequeño grupo de galileos muertos de miedo, en apóstoles capaces de llegar hasta el fin del mundo para expandir la buena noticia del Señor.
- El camino Lebaniego, (https://www.caminolebaniego.com/) es un camino bastante menos conocido y mucho más corto que el camino de Santiago, pero probablemente con un premio final mayor. El camino sale desde San Vicente de la Barquera (Cantabria) para llegar en 3 o 5 etapas, siguiendo un hito donde se ve una cruz roja sobre fondo blanco, hasta el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde se puede ver el pedazo más grande conservado de la Cruz donde murió Jesucristo (Lignus Crucis). El Lignum Crucis llegó al Monasterio de Liébana alrededor del siglo VIII desde Astorga, al mismo tiempo que los restos de Santo Toribio de Astorga, que fue quien se lo había traído desde Roma en el siglo VI. Llegar al Monasterio de Santo Toribio y arrodillarse ante el madero donde murió el Señor es reconocer el poder salvífico de su muerte en la cruz y su poder transformador de tantas y tantas almas que se han encargado de mantener vivo su mensaje hasta nuestros días.
- El camino de Emaús es el primero de los caminos donde Jesús resucitado se encuentra con los discípulos que abandonaban Jerusalén decepcionados tras la muerte de Jesús. Este camino que según San Lucas tenía una distancia de 60 estadios (Lc 24, 13) es suficiente para que Jesús transforme la motivación inicial de esos discípulos, que era la vuelta a su vida anterior tras sentir que el Señor les había fallado, en una apertura de su entendimiento y de su corazón hacia Jesús Resucitado. Podríamos llegar a decir que en el camino de Emaús se prefigura por primera vez lo que es nuestra eucaristía actual, con una primera parte de explicación de la palabra y una segunda donde Jesús parte para nosotros su pan, de ahí que el hito que hemos elegido para este camino sea el pan partido de la Eucaristía. Dada la importancia de este camino, tiene también un diseño y reflexión propia que puedes encontrar aquí.
- El camino de Damasco es el primer camino donde Jesús resucitado se encuentra con alguien al que no conoció en vida. El protagonista de este encuentro tan especial fue San Pablo, cuya motivación para ir de Jerusalén a Damasco no era otra que la de perseguir a los judíos que se estaban convirtiendo en seguidores de Jesús en esta zona de la actual Siria. En este camino, el Señor vuelve a demostrar su poder transformador, incluso en una situación de partida tan beligerante. Dios no sólo tira a San Pablo del caballo, sino que le obliga a hacer un ejercicio de humildad dejándole varios días ciego, para luego recibirle en su Iglesia (Hc 9, 15-18), a través del camino sacramental del bautismo y la imposición de manos (confirmación). Así pues, este camino nos invita a recordar nuestro propio camino de iniciación a la fe y la esperanza del Señor en que nuestra fe dé fruto, por eso el hito elegido para representar este camino es de la flor del Damasco o albaricoque. Es una flor blanca con matices rosados que quiere anticipar el fruto de nuestra fe. Para San Pablo ese camino le cambió la vida y la entregó por entero a anunciar a Jesucristo entre los pueblos gentiles a lo largo y ancho del mediterráneo.
El diseño se completa con la frase “Buen Camino”, saludo habitual entre los peregrinos que te encuentras en el camino. De todo corazón, desde Yaltercerdia, esperamos que tú también tengas un buen camino en tu vida, elijas el sendero que elijas.
“Buen camino” significa no solo que disfrutes de los paisajes o de la compañía, o que no te pierdas en alguno de los cruces del sendero, sino también que te dejes encontrar y transformar por Dios durante esta experiencia vital… ¿Te atreves?
#teatrevesalucirlo
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