Las siete palabras

Verdaderamente, éste era Hijo de Dios (Mt 27, 54)

Esta Semana Santa os invitamos a repasar las siete frases que dijo Jesús en la cruz, porque de alguna manera nos pueden valer de resumen de la esencia de su misión en la tierra, vista desde las tres dimensiones que ya anticipaban los Magos de Oriente (Dios, Mesías y hombre).

Esta idea se plasma en el diseño de este mes con un gran siete en forma de Jesús crucificado, con los clavos y la herida del costado, que sobresale sobre un conjunto de números, aparentemente aleatorios, donde hay varias citas de los evangelios, destacadas en color rojo, que nos recuerdan exactamente esas frases.

Si miramos al evangelio de San Lucas, podemos descubrir a Jesús como Dios en la cruz cuando le promete el cielo inmediato al buen ladrón por creer en Él, “hoy estarás conmigo en el paraíso”, (Lc 23, 43). Este perdón concreto que tiene con el buen ladrón también se puede desprender de la petición que hace al Padre pidiendo misericordia para los hombres con el “perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). San Lucas cierra esta dimensión de Jesús como Dios en la cruz con la frase con la que acaba todo “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).

Mirar a la cruz desde esta perspectiva nos transmite una profunda esperanza ya que nos recuerda que, hasta el último momento, el Señor nos deja abierta la puerta de la salvación para volver al Padre. (Este tema lo hablamos recientemente aquí y tiene un diseño dedicado)

Si miramos al evangelio de San Juan, podemos descubrir al Jesús hombre crucificado. Esta dimensión la podemos visualizar primero con en el legado que hace a San Juan y a toda la iglesia, regalándonos a su madre para acogerla en nuestra casa a modo de última voluntad ,“ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 26) pero también en intentar colmar sus necesidades vitales más básicas con un “tengo sed” (Jn 19,28) . Finalmente, San Juan acaba la agonía del Señor en la cruz con un “todo está cumplido” (Jn 19,30) que, de alguna manera, reconoce el final exitoso de la misión en la tierra del Jesús encarnado.

Mirar a la cruz desde esta perspectiva nos recuerda que hemos nacido con un para qué en la tierra, que es probable que no esté exento de dificultades y que, de la mano de la Virgen María, en ese camino nunca iremos solos, como Él en el calvario.

Finalmente, la tercera de esas dimensiones es la de Jesús como Mesías que se puede derivar de su frase “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”, que recogen tanto Mateo como Marcos en sus evangelios (Mt 27, 46 y Mc 15, 34). Esta frase es el inicio del Salmo 21, escrito por el Rey David 1000 años antes de la crucifixión del Señor y describe la agonía que tendrá que sufrir el Mesías. Este salmo, aunque comienza como un canto de desesperación acaba en una alabanza sincera a Dios porque incluso en ese momento «no esconde su rostro al que le pide auxilio». La referencia del Señor a este salmo en este momento nos recuerda que en Él se están cumpliendo las profecías que anticipa el Salmo y que su muerte en la cruz es, en sí mismo, la demostración palpable de que Dios no esconde su rostro al que le pide auxilio.

Mirar a la cruz desde esta dimensión nos recuerda que tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo por nosotros. Resucitándolo de la muerte nos abrió las puertas del cielo y día a día en la Eucaristía nos muestra el camino para llegar a él.

Como sabemos que en la cruz no acaba esta historia, se ha incluido también como cita destacada en el diseño la de Mt 28,6 que nos recuerda que Él “no está aquí porque ha resucitado como dijo”. Es la resurrección del Señor la que da sentido a su Pasión y la que hace que hoy, tú y yo tengamos puesta nuestra fe y esperanza en el Señor.

Pidamos al Señor que vivamos esta Semana Santa con fe y humildad para que podamos afirmar ante Jesús, como hicieron los soldados romanos allí presentes , que «verdaderamente, éste es Hijo de Dios».

#teatrevesalucirlo


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