El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande (Is 9, 1)
Por circunstancias, hacía cierto tiempo que no había vuelto a la parroquia del barrio donde me crie y ha querido Dios que el momento para dicho reencuentro haya sido la misa del Gallo de esta Nochebuena. Ha sido una sensación entrañable volver a un lugar tan familiar en una ocasión tan especial, de hecho, a pesar de no conocer a nadie de entre los bancos ni tampoco al sacerdote que presidía la eucaristía, he de reconocer que me he sentido como en casa.
En cualquier caso, la ambientación de la eucaristía, empezando en oscuridad, el canto del Gloria y sobre todo, el texto de la primera lectura del profeta Isaías, (“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló”) me ha trasladado casi instantáneamente a la otra misa nocturna clave de nuestra liturgia que es la Vigilia Pascual. Es curioso el paralelismo tan brutal que hay entre ambas celebraciones y cómo la luz juega un papel fundamental en ambos casos. Así la luz de la estrella que guía a los Magos hasta Belén se transforma en la luz de Cristo, representada con el Cirio Pascual, que guía a la Iglesia hasta Pentecostés y que se enciende al inicio de la Vigilia con una petición preciosa: “Que la Luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”.
Así, podríamos decir que en Navidad no solo nos ha nacido el rey de un Reino muy especial y por eso Melchor le regaló oro, que en Belén nos nació Dios y por eso Gaspar le regaló incienso, que en el portal Dios se hizo hombre y por eso Baltasar le regaló mirra, (similar probablemente a la que llevaran las mujeres al sepulcro) sino que también, y sobre todo, que en esos días llegó a la Tierra una luz que no ha dejado de brillar desde entonces para enseñarnos el camino al cielo. Es más, esa luz, como bien dice el recientemente fallecido Papa Emérito Benedicto XVI en su libro «La Luz del Mundo» sigue hoy plenamente presente y es la luz con la debemos mirar y afrontar los retos de nuestra sociedad hoy. » (Puedes encontrar el libro aquí)
Así este pack de cuatro regalos y no sólo tres es la base fundamental de este diseño. Por eso el número cuatro está en grande y acompaña al oro, al incienso, a la mirra y a la luz que se nos ha regalado esta Navidad.
Te pedimos Señor, que hagamos buen uso de ellos para que seamos más leales a nuestro rey, más adoradores de nuestro Dios, más conscientes de que Jesús se hizo hombre para que nos podamos salvar y sobre todo, que afrontemos nuestro día a día desde la claridad que Él nos ofrece con su luz, que se custodia en la Iglesia.
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